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Fin del procès

El independentismo al límite de sus fuerzas

Que el nacionalismo catalán es poderoso nadie lo cuestiona ni lo ha cuestionado jamás. Sin embargo, si nos atenemos a los datos y análisis más recientes sobre las perspectivas electorales de la zona con mayor fragmentación política regional en España, obtenemos interesantes conclusiones. Muchas de ellas son conocidas, pero no reconocidas por los propios líderes nacionalistas, especialmente en los últimos años.

La primera, las elecciones autonómicas de 2015 configuraron una nueva etapa del procès, una etapa en la cual el desafío secesionista encaró su recta final hasta los días presentes. Sumando JxS+CUP, los separatistas consiguieron casi el 48% de los votos válidos, y los no separatistas, el resto de principales partidos, acumularon un 52% de apoyos en la última cita electoral autonómicas, el 27 de septiembre de 2015.

Resultados de voto en elecciones catalanas del 2015, El País.

 

El nacionalismo convertido ya en separatismo, en aquel momento vivía su mayor nivel de protagonismo, con una Diada multitudinaria de catalanes pro independentistas. No obstante, ese tirón independentista, tuvo su zenit como consecuencia de la crisis económica y la fragmentación social y económica de una de las regiones más ricas de España. Hoy, comprobamos que ese nacionalismo ha mutado de los ámbitos más rurales a los más urbanos, es su ciclo natural, el de la despoblación rural y la migración a las ciudades.

 

La segunda, la crisis y la brecha generacional en clave electoral, configuraron lo que hoy denominamos los 3 bloques ideológicos de Cataluña: los unionistas, los separatistas y los confederalistas. Este último grupo resultará clave durante los próximos días  para poder reorientar la situación. El mapa debajo lo refleja claramente.

 

 

Teniendo en cuenta los datos más apropiados y recientes de ámbito catalán con los que cuenta la firma de consultoría Target Point, “los separatistas se sitúan en torno a los 2 millones de electores, seguidos por los unionistas constitucionalistas – 1,6 millones – , y los confederalistas, que representan aproximadamente unos 500 mil”, afirma José Manuel San Millán, uno de los socios de la consultora. Será vital ver dónde se posicionan los más de 1,1 millones de abstencionistas de las últimas autonómicas “plebiscitarias”.

A la luz de estos datos, el procès es inviable salvo que cuente de forma explícita con una parte considerable del voto confederal, que lo representan los votantes de los “Comunes”, y una ya muy pequeña parte del PSC más catalanista. Además, si los abstencionistas no han abrazado ya la “causa”, no es fácil que lo hagan a corto plazo. Dicho esto, la independencia de Cataluña se viene abajo por falta de un apoyo popular más amplio que rebase de forma amplia la mitad del electorado catalán, lo que ha empujado a los más radicales a fijar un ultimátum con día y hora.

La tercera, la fuga de sedes sociales de empresas, la salida de capitales, el sordo “boicot” a los productos catalanes, así como un sinfín de dudas económicas que se conocían pero ahora afloran con la gravedad de la situación, complican aún más la huida hacia adelante de Puigdemont y su gobierno, aunque no olvidemos  – y nuestros estudios lo corroboran –  que el sentimiento identitario no se mide con la cabeza ni con el pan que uno se lleva a la boca, sino con el corazón. Es mucho más emocional que racional, por lo que el efecto de hundimiento económico está más que descontado y afecta poco a los más fanáticos que ya están embarcados en la aventura rupturista.

Sin embargo, no es así en la Europa en la que vivimos, donde son todos los europeos lo que se verán afectados de una supuesta ruptura de facto.

Y la cuarta, Rajoy no actuará de forma contundente porque no le hará falta, y porque la UE no le permitirá ver un Parlament rodeado de blindados del ejercito. Estos son los últimos coletazos de un proceso centenario, que la UE está interesada en enterrar.

Para enterrarlo hace falta hablar y negociar, pero después de haber hecho cumplir la ley a los que han intentado, por las bravas, destrozar el modelo de convivencia. Será después, pues vendrán elecciones legales que abrirán una nueva etapa de consenso, porque el nacionalismo radical no tiene encaje en la Europa global ni en el futuro de progreso social y económico. Representa en cualquier parte del mundo el retroceso y el miedo a un mundo más libre.

 

José Manuel San Millán

Estrategia y Marketing en Target Point