ELECCIONES EN CHILE: ¿CRISIS DEL MODELO DEMOSCÓPICO TRADICIONAL?

Elecciones en Chile: ¿Crisis del modelo demoscópico tradicional?

 

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile será un duelo entre el centro-derecha conservador de Chile Vamos y el centro-izquierda tradicional de Nueva Mayoría.

Sebastián Piñera, la tercera persona más rica del país, se enfrentará al popular presentador Alejandro Guillier en la 2ª vuelta, y uno se aventura a anticipar que la elección será más apretada de lo esperado.

Las encuestadoras en Chile no han acertado en “la cocina”. Sebastián Piñera obtuvo el 37% de los votos en lugar del 44% que esperaban, y la izquierdista y populista Beatriz Sánchez del Frente Amplio fue la gran revelación, con el 20% de los votos – 12 puntos por encima de lo que anticipaba la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). La democristiana Carolina Goic se había mostrado crítica con el CEP, afirmando que la encuesta era “una mentira”.

 

De hecho, no es la primera vez – ni la última – que las encuestas muestran una imagen que poco tiene que ver con el resultado final de la elección. En España, el “chasco” vino con la entrada de Ciudadanos y Podemos en la escena de las Elecciones Generales del 20 de Diciembre de 2015: los registros de intención de voto tuvieron que buscarse en las elecciones municipales y autonómicas de mayo del mismo año. La última encuesta previa a las elecciones, la del CIS (3 de diciembre) daba a la formación naranja más de 60 diputados, contra los casi 40 de Podemos. Metroscopia el 14 de Diciembre mantenía unos 60 escaños para cada partido, y Sigma Dos preveía una ligera ventaja de Ciudadanos frente a los de Pablo Iglesias.

 

Se quedaron cortos: el recuento se cerraba con 40 escaños para Ciudadanos y 69 para Podemos. Algunos de los directores de las encuestadoras apuntan a que este tipo de diferencias se debe a los indecisos, que tuvieron un peso enorme en esos comicios. Se apunta a entre el 20 y el 25% de los votantes se decidió a última hora, un porcentaje especialmente elevado.

 

Algunas opiniones puntualizan que la intención de las encuestas no es hacer una predicción del resultado final, sino reflejar la imagen del momento y marcar una tendencia. Si bien es cierto que ofrecen muchas pistas, también presentan problemas estructurales que afectan a la fiabilidad de los resultados. Por ejemplo, el desfase temporal entre la recogida de información o “el trabajo de campo” y la publicación de los resultados del estudio, o la distribución errónea de la muestra.

 

El electorado actual es tan heterogéneo que la distribución de la muestra no se ajusta adecuadamente a criterios como hábitat, edad o recuerdo de voto. Además, la ley de minimización de costes se impone reduciendo el volumen de encuestados, en un momento en que se hace más necesario que nunca contar con muestras lo más amplias y heterogéneas posibles, pero no sin consecuencias en el trabajo final. Por último, la representatividad específica de la muestra es mejorable: no se requiere que los encuestados tengan una base sólida sobre política o actualidad, por lo que la fiabilidad de la respuesta no necesariamente refleja la realidad. Los resultados se han podido comprobar ya, y muestran una diferencia considerable entre intención directa de voto y estimación, que revela problemas en la fase de “cocina”, y un modelo, el de las encuestas telefónicas, quizás obsoleto en los nuevos tiempos que vivimos de la era digital, debiendo al menos adaptarse a un modelo mixto.

Todo lo anterior apunta a que hay serias dudas sobre la conveniencia de confiar sólo en los modelos tradicionales para definir la estrategia de un partido político en campaña. La pregunta justa es, ¿estamos ante un modelo de investigación obsoleto?.

 

Publicado por Ana Muñoz García

International Relations and Marketing at Target Point.

Con la colaboración y análisis de José Miguel Silva Trigo y José Manuel San Millán.

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