El futuro de las campañas políticas

¿Estamos en la antesala de la decadencia del proyecto de nación?

El debate de hoy se centra en las perspectivas de futuro de las campañas políticas. En el Global Youth Leadership Forum que acogió el Palacio de la Magdalena el pasado mes de Septiembre, Mr Mo Elleithee, ex portavoz de la campaña de Hillary Clinton, aseguraba que la narrativa política no dista en esencia de una novela común. En efecto, sus intrigas se ajustan a la estructura del relato épico en el que los elementos se repiten en una frecuencia identificable, tal y como observó Vladimir Propp al analizar los cuentos del folclore ruso. La lucha del héroe que persigue el fin deseado haciendo frente a los objetivos que se le presentan, el camino que se bifurca, la decisión difícil que lleva al triunfo o la destrucción. Y por supuesto, la voz que relata historia.

Y en el caso de la política, la difusión del cuento ha ido evolucionando y quien se ha puesto a la cabeza del cambio, como en todo, ha triunfado. Desde la aparición de los primeros discursos en la plaza pública hasta las últimas campañas digitales, se ha avanzado para conseguir una campaña más detallada, más estratégica y más a medida. Un mensaje para cada público y para cada generación. Y no sólo un mensaje, sino una comunicación multi eje que no confía el éxito a un solo tema. El debate entre candidatos y la consultoría política se consolidaron hace ya años, tanto que las -no tan- novedades se han procurado un papel central en la planificación de la estrategia. Parece ser el momento de que los líderes se comuniquen en 280 caracteres, aunque la pantalla no sustituye el contacto con la gente. Al fin y al cabo, las ciudades se conquistan con la infantería.

Pero los medios, ayudan. La construcción de la figura de Trump – como personaje, como showman, como empresario de éxito y hombre controvertido – se materializa gracias a Twitter y los medios tradicionales a partes iguales. Los expertos lo afirman: durante su campaña, se ha declarado la “muerte mediática” de Trump con cada mensaje o tweet, y apenas unas horas más tarde el político nos sorprendía forjando alianzas de último momento. La política cambia, pero las estructuras de poder son las mismas. Por más que esté de moda ser un candidato independiente, los sistemas tradicionales son la única receta para mantener el poder.

 

El futuro del arte de la política

Daniel Valenzuela, que también acudió al evento, hizo un elocuente resumen de los factores que marcan la crisis de la política a la vieja usanza y la irrupción de la tecnología en el ejercicio de gobierno, que lo convierte en una campaña permanente en la que el político “hace gobernables sus ideas día a día, testándolas y recibiendo feedback” gracias a las nuevas plataformas. Las redes sociales ahora son un foro político abierto veinticuatro horas.

En este contexto, las campañas de contrastes predominantes, de dicotomías y negros o blancos, se crea un mito que rodea la visión de país, el proceso de gobierno y la misma vida del candidato. Los atributos de éste adquieren especial relevancia, y son determinantes a la hora de mostrar al candidato en escenarios diferentes. El gobierno, el poder y el consenso no se salvan como partes de la historia. La ideología, que es inherente al discurso, no lo es al populismo. Pero éste va sin duda ligado a la emotividad y el sentimiento, las dos fuerzas que mueven masas y que pueden garantizar apoyo ciego al candidato. Todo un peligro si las instituciones no gozan de buena salud mediática.

 

La esperanza cansada se revela ante la ausencia de un proyecto de nación

Ortega y Gasset se equivocaba cuando afirmaba que la democracia depende solamente del hecho técnico de las elecciones. Tal y como argumentaba el candidato a las Presidenciales en Paraguay, Carlos Mateo Balmelli, las elecciones se han convertido en un evento fijo con las constituciones democráticas. Pero democracia electoral y proceso democrático no son términos intercambiables. Si bien la época de las dictaduras terminó hace tiempo, la de las democracias de poca densidad tiene una larga vida.

El candidato apunta tres elementos clave que tendrán especial incidencia en las elecciones venideras. El primero, el “misarquismo” u odio a todo tipo de autoridad pública, que conllevará sin duda al rechazo a la política tradicional. Le sigue la irrupción de nuevos actores que aportan financiación a los candidatos. El dinero se ha convertido en un requisito preliminar, en una barrera de entrada para presentarse a los comicios. Aunque en países como Paraguay el estado ofrece una cantidad a los partidos para mitigar la influencia de terceros en campañas, Balmelli asegura que no no supone un cambio significativo. El problema, asegura, se encuentra en qué actores intervienen y si suponen una amenaza.

Volviendo al relato épico que es la narrativa política, vemos que no faltan los obstáculos en el camino. La sorpresa es que no es el político quien debe sortearlos, sino el votante, que otorga su confianza más en base a sensaciones que siguiendo ideologías marcadas. El ganador de los comicios, conviene recordar, será la “persona adecuada para el momento histórico concreto, que conecta con las emociones del electorado”. Después de todo no se vota con la cabeza, sino con el corazón.

 

Ana Muñoz García

Marketing y Relaciones Internacionales en Target Point.