2017: FRAGILIDAD Y TEMPESTAD EN LOS PRINCIPALES PARTIDOS

La fragilidad de los nuevos partidos resiste a la crónica y dura tempestad de los viejos.

Todo el mundo habla de cómo está Podemos, se van a separar afirman unos, menudo lío interno tienen… dicen otros, y lo mismo de Ciudadanos con sus episodios de lucha interna. Lo que está sucediendo en esta etapa de la nueva política es que estamos en una legislatura de “rodaje”, en ambos sentidos, el de prueba y el cinematográfico.

Al nuevo electorado no le gustan los largometrajes y prefiere las series cortas, buenas y apasionadas. Los actores que la protagonizan solo tendrán una oportunidad de causar una buena impresión, y de eso dependerá el futuro de los cuatro principales actores políticos en este año que comienza.

España está inmersa en un nuevo año político inestable pero con una bonanza económica creciente, lo que convertirá el 2017 en el año de la transformación política.

Inmersos como estamos en un escenario político internacional incierto, comienza el siglo XXI, ahora sí, con mayúsculas, y de verdad. El 2017 será el año de la revolución política en España y en el mundo. Silenciosa, pero revolucionaria porque los nuevos conceptos de hacer política se impondrán con el bloqueo al cambio de los agentes económicos, políticos y sociales de siempre que no querrán que esto suceda, blindados como están por privilegios colectivos, los de toda la vida, los de clase, los de izquierdas y los de derechas, con sus satélites institucionales defensores para servirles.

Los de Sánchez (Patxi López) y los de Susana tienen dos opciones, y ninguna es buena. El único que podría resucitar la pasión de sus bases es el mismo Pedro Sánchez, y no parece probable que vuelva.

Los de Rajoy en su viraje al centro progresista toparán frontalmente con los liberal – progresistas de Ciudadanos, nada que hacer en ese espacio ya muy consolidado por los de Rivera (pero que con gran esmero y mimo deben conservar los naranjas), por lo que el en el PP, si no hay una profunda reforma de caras, personas, formas y principios políticos en su seno (como se explica en FAES) poco podrán hacer.

Podemos saldrá reforzado de su Congreso y catapultado inevitablemente a única oposición real de un gobierno de corte social del PP orquestado por su rival histórico, el PSOE.

Difícil tarea la del actual gobierno, que no podrá satisfacer las expectativas de unas clases medias castigadas hasta la saciedad por los impuestos, los recortes y una interminable lista de casos de corrupción política y de profunda crisis moral. La fragmentación de la izquierda y su convulsión, separarse para luego unirse, pura estrategia con un toque de discrepancia, nada más.

Sólo las reformas profundas demandadas por la inmensa mayoría de la población, regeneración política real, cambio en la ley electoral, reforma inteligente y consensuada de la Constitución, además de los complejos desafíos territoriales actuales podrían salvar de la quema al PP y PSOE. Nada de esto ocurrirá porque lo que hoy vemos es la imperiosa necesidad de estabilidad de un bipartidismo sustentado por los poderes económicos en un momento muy complicado,  salida reciente de una dura crisis que ha dejado una sociedad con las mayores cotas de desigualdad, y que inevitablemente dará paso a una nueva forma de hacer política, visual, participativa, abierta a todos, que ya está en marcha aunque no nos demos cuenta en muchos ayuntamientos y autonomías, si no la aplican PP y PSOE en sus acuerdos actuales, otros las harán en breve por ellos… sólo es una cuestión de tiempo.

Gran fragilidad en progreso para los nuevos y dura tempestad con mal final para los viejos si no hacen nada. Una auténtica pirámide invertida de lo que hasta ahora hemos conocido y mientras tanto, un segmento de población desatendida, huérfana políticamente, la que mantiene el actual estado de bienestar, harta de pagar impuestos y recibir nada a cambio, cansada de que le metan la mano en el bolsillo a cada vuelta de la esquina, que no ve que sus impuestos sirvan para ayudar a los de abajo, solo para mantener un Estado insostenible políticamente.

 

José Manuel San Millán (Socio Fundador de Target Point)